La historia de Agustín

Agustín Suárez

El mayor premio que he tenido es haber superado esta enfermedad

Con tranquilidad y con filosofía: así es como se toma la vida Agustín. Este jubilado de 70 años vive con su mujer en Colmenar Viejo, cerca de las montañas donde tanto les gusta pasear. “Solía ir mucho a la sierra, eso lo hemos hecho mi mujer y yo desde novios”. Ahora la vida la ve con otra perspectiva, ya no trabaja, se dedica “a pasar el día” : sacar el perro a pasear, tomar café con algún amigo, leer, hacer crucigramas. Y sobre todo, a hacer de manitas: “me ha gustado mucho hacer de todo, soy un poco autodidacta de cualquier cosa”.

Durante los últimos años de su vida laboral, aprovechó sus aptitudes trabajando de carpintero. También estuvo una temporada dedicado a las figuritas de plomo: fundirlas, montarlas, pintarlas… Aunque la afición no le duró demasiado: “requería tener un espacio muy delimitado, y en las casas que teníamos no era factible dejar eso empantanado. Además el mayor peligro, con el que contabas, era que te las destrozara un niño”. Ahora ha cambiado las figuritas de plomo por los juguetes para sus siete nietos (más otro en camino), a los que también dedica buena parte de su tiempo. “Hay que ir a buscarlos, traerlos, llevarlos, esas cosas”.

Agustín, en definitiva, es una persona sencilla, cuya máxima aspiración siempre ha sido vivir tranquilo (“me he complicado algunas veces la vida, pero siempre lo he podido superar”). Nunca ha ganado nada material, pero tampoco siente especial interés por ello. Porque está convencido de que su mayor premio es haber superado una enfermedad: la LLC o Leucemia Linfática Crónica.

A lo largo de los controles rutinarios para su problema de hiperplasia benigna, su médica de cabecera ya venía advirtiéndole de que los análisis no estaban del todo bien. En principio, Agustín no le dio demasiada importancia: “creo que soy poco impresionable en ese sentido, digamos que no me caliento la cabeza tratando de averiguar cosas que no sé”. Se inquietó ligeramente cuando recibió una llamada de su doctora avisándole de que fuera a la consulta cuanto antes mejor. Finalmente le remitió a Hematología en el Hospital La Paz donde, tras una serie de pruebas, le comunicaron que padecía un principio de leucemia.

Como tantas otras cosas en la vida, Agustín recibió el diagnóstico sin demasiado sobresalto: “yo asumo bastante estas cosas y si hay que llorar se llora y si hay que reír se ríe, o sea, que no hay vuelta de hoja”. Su familia puso cara seria, pero la procesión iba por dentro; en general, todos mantuvieron la calma. Decidido a informarse, se trajo una revista de la consulta y se metió en un par de páginas de Internet. Una vez supo que las perspectivas para los pacientes de su edad no eran alarmantes, dejó de leer.

Fue visto y no visto: al día siguiente del diagnóstico definitivo, Agustín empezó el tratamiento. El primer día iba un poco nervioso ante lo desconocido, pero todo fue mejor de lo esperado. Tanto fue así, que cuando volvió a su casa se zampó un bocadillo como si tal cosa. “A mí las enfermedades nunca me han quitado el hambre, siempre he comido bien”. Su familia respiró tranquila y Agustín se sentó en el sofá y siguió con su vida normal. Y así fue como, mes a mes, ciclo a ciclo, control a control, dejó atrás la leucemia. Siempre contando con el apoyo de sus dos médicas, la hematóloga y la de cabecera, con las que tiene una relación “magnífica”.

Hoy en día, Agustín afirma que se encuentra muy bien y se ha olvidado por completo de la enfermedad. “Estoy perfectamente, como si no hubiera tenido nunca nada”. Su mayor ilusión: “seguir como estoy, tampoco necesito nada extraordinario”. Seguir con sus paseos, sus cafés, sus siete nietos (pronto ocho), su bricolaje. Ser feliz, en fin, con las cosas del día a día. “Evidentemente, levantarte todos los días, despertarte todos los días, es un regalo. Eso está clarísimo”.

Para terminar, le preguntamos qué consejo le daría a un paciente recién diagnosticado de LLC. “Que lo asuma con naturalidad”, nos dice. “Que cumpla estrictamente con lo que le dice el médico, y que se lo tome con tranquilidad y mucha filosofía”. Sin duda, Agustín sabe de lo que habla.

El compromiso de Roche con los pacientes
es descubrir, desarrollar y comercializar soluciones innovadoras para necesidades médicas no cubiertas que transformen la vida de los pacientes.


COMPROMISO ROCHE

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
X