La historia de Helena

Helena Cabal

He corrido la San Silvestre antes y después del tratamiento

“Vitalidad” es una de las primeras palabras que vienen a la cabeza al conocer a Helena, una mujer de sonrisa fácil y energía contagiosa. Sus 51 años son una rareza dentro de los pacientes de Leucemia Linfática Crónica, ya que esta enfermedad normalmente se diagnostica a edades más avanzadas. Vive en Colmenar Viejo con su joven hija y su pareja. Se dedica a la investigación en energía en un centro público.

A Helena le hacen feliz “muchas cosas, pero muy pequeñitas”. Es una apasionada del deporte, tanto dentro como fuera del gimnasio: correr, ciclo, zumba, baile… el caso es que moverse le ayuda a desconectar. Una buena película o un rato de lectura también consiguen alegrarle el día, le encanta el cine y vive rodeada de libros. Pero su mayor ilusión, dice, es una vida sana y feliz para los amigos y la familia que tanto le importan. Le hace feliz saber que a su hija le está yendo estupendamente y que sus padres, aunque mayores, también están bien.

Toda esta energía hace difícil imaginar que Helena pueda tener problemas de salud. Quizá por eso, cuando le salieron unos bultos en el cuello, hace ahora cinco años, no le dio excesiva importancia. Al ver que continuaban apareciendo, finalmente decidió acudir a su médico. Después de la ecografía le remitieron al hematólogo de urgencia, “sin prisa pero sin pausa”. Dos semanas después llegó el diagnóstico: Helena padecía Leucemia Linfática Crónica o LLC, un tipo de cáncer del que nunca había oído hablar hasta entonces.

Como era de esperar, los primeros sentimientos ante el diagnóstico fueron negativos: “sentí miedo, mucho susto, inseguridad, tristeza, preocupación…”. Pero más que por ella misma, Helena sufría por los que le rodeaban, por la familia y los amigos. Gracias a las explicaciones de su hematóloga, pudo entender rápidamente lo que le ocurría y darse cuenta de que podía tener un buen pronóstico. Pero le preocupaba que los demás, en especial sus padres, no se creyeran su optimismo. Para combatir el miedo a la incertidumbre, Helena decidió investigar sobre su enfermedad. En especial, le interesaba saber cuáles eran los tratamientos disponibles, adelantarse a lo que iba a pasar. Buscó referencias en revistas científicas para que fueran lo más fiables posible, “aunque luego no me enteraba de nada, claro”, confiesa.

Cinco años después del diagnóstico, Helena afirma que su percepción de la enfermedad ha cambiado por completo. De hecho, considera que la LLC, aunque sea un tipo de cáncer, no debería llamarse así: “ese es un debate que hay en torno a la enfermedad, te dicen ‘leucemia’ o ‘cáncer’ y parece algo tremendo”. Lejos de este tremendismo, Helena sabe que es posible disfrutar de una vida larga y de calidad conviviendo con la LLC. Su día a día sigue lleno de esas cosas pequeñitas que le hacen tan feliz, las disfruta, si cabe, con más intensidad que antes. Nos cuenta que después del diagnóstico empezó a correr, un deporte que nunca había practicado, y que desde entonces no ha parado. Solamente durante el tratamiento tuvo que bajar un poco el ritmo de actividades, pero siempre dentro de una vida normal. Cambió la zumba, el ciclo y las carreras por Pilates, que le mantenía en forma sin exigirle grandes esfuerzos. También empezó a recibir Reiki, actividad que le relajaba y daba fuerza y todavía mantiene. Después de varios cursos, ahora es ella la que lo imparte. Y una vez acabada la medicación, vuelta a lo de siempre: “he hecho la San Silvestre antes y después del tratamiento, no me he saltado ni un año”, remarca orgullosa.

Al preguntarle qué le diría a los profesionales sanitarios que le han tratado, nuestra protagonista tiene una sola respuesta: gracias. “Gracias por mí y por todos, gracias a ellos estoy aquí”. No solo tiene palabras de agradecimiento para sus médicos, sino también para el resto del personal y para quienes se dedican a investigar y desarrollar nuevos medicamentos. Y es que tiene muy claro que la investigación es clave para la lucha contra la LLC. “Hace unos años esto hubiese sido un trasplante de médula, y unos años más atrás, a la larga, la muerte. Y ahora estoy muy lejos de todo eso”. Dedicar fondos a invertir en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos le parece fundamental: “ha habido grandes avances y todavía se puede acabar con la LLC y con otras muchas enfermedades”.

Tras esta experiencia, Helena no duda ni un momento sobre cuál sería su consejo para alguien recién diagnosticado de LLC: “le diría que no tuviese miedo, que hay que ponerse en manos de buenos profesionales. Que su vida va a ser casi la misma”.

A día de hoy, Helena está muy tranquila, a veces teme que pueda sobrevenir otra enfermedad peor, pero a la LLC ya la ha ganado. No aspira a ningún premio: “que me quede como estoy”, con eso le vale. Pero por supuesto, se siente ganadora desde el día en que le anunciaron que estaba en remisión total. Con la ayuda de muchos y con mucho apoyo, lo había conseguido. Y sigue, entonces, disfrutando de sus pequeñas cosas, cuando acabemos la entrevista, se irá a correr.

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