Importancia del cumplimiento terapéutico

 

 

Importancia del cumplimiento terapéutico

 

¿Qué es el cumplimiento terapéutico?

Según las guías actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cumplimiento terapéutico o adherencia debe entenderse como aquella conducta del paciente mediante la cual participa de forma consciente en las recomendaciones facilitadas por el equipo de profesionales sanitarios que tratan su enfermedad.

Por tanto, se habla de buen “cumplimiento terapéutico” cuando el paciente sigue las indicaciones de su médico en cuanto a las pautas de tratamiento correctas (dosis, forma de administración, intervalos de infusión, periodicidad de los controles, etc.). El cumplimiento es especialmente importante en el caso de enfermedades crónicas como la AR, en las que el grado de progresión guarda una estrecha relación con el tratamiento recibido.

En el cumplimiento terapéutico intervienen muchos factores, si bien uno de los aspectos clave para mejorarlo es que el paciente entienda bien su enfermedad y su tratamiento. Los programas educativos desempeñan un papel fundamental; pero todos los investigadores coinciden en que la relación entre el personal sanitario y el paciente es probablemente la herramienta más poderosa a la hora de obtener un buen seguimiento del tratamiento prescrito.

Sin embargo, existen otros muchos factores que acaban condicionando el cumplimiento terapéutico, entre los que hay:

  • Factores relacionados con la complejidad del tratamiento prescrito.
  • Factores que dependen del propio paciente, de su personalidad, de sus hábitos, de sus creencias y actitudes frente a la salud y, por supuesto, de su percepción de la enfermedad.

 

En el caso de la AR, aspectos como la simplicidad de la pauta de administración y su frecuencia, la calidad de vida que se obtiene con el tratamiento, la baja incidencia de reacciones adversas o el control del paciente mediante los seguimientos periódicos adecuados redundan en un mejor cumplimiento y, por tanto, en una mayor probabilidad de que el tratamiento sea eficaz.

 

El cumplimiento es especialmente importante en el caso de enfermedades crónicas como la AR, en las que su grado de progresión guarda una estrecha relación con el tratamiento recibido

 

¿Qué pautas de tratamiento existen para la artritis reumatoide?

Existen diferentes tipos de tratamientos para la AR, que se clasifican en tres grandes grupos:

    1. Analgésicos y antiinflamatorios: son fármacos dirigidos a aliviar el dolor y la inflamación a corto plazo. Entre ellos están los AINE (antiinflamatorios no esteroideos) y los glucocorticoides. Suelen administrarse por vía oral, intramuscular o rectal. Son útiles para disminuir la inflamación y ayudar a sobrellevar el dolor diario, pero no contribuyen a modificar la progresión de la enfermedad a largo plazo.
    2. Fármacos Modificadores de la Enfermedad: El tratamiento con este grupo de medicamentos, de administración generalmente oral o subcutánea, no sólo mejora los síntomas sino que también puede frenar la progresión clínica de la AR, reduciendo la actividad de la enfermedad a largo plazo. El fármaco más utilizado dentro de esta categoría es el metotrexato (MTX).
    3. Terapias biológicas: Son fármacos producidos a partir cultivos celulares y que actúan sobre el sistema inmunitario, limitando la inflamación y reduciendo de este modo las manifestaciones clínicas de la AR. Suelen prescribirse combinados con los fármacos modificadores de la enfermedad. En la AR se utilizan varios tipos de fármacos biológicos:
      • Inhibidores del TNF (Factor de Necrosis Tumoral): actúan bloqueando el TNF, una de las principales moléculas que intervienen en el proceso inflamatorio. Entre los fármacos de este grupo están: etanercept (administración subcutánea 2 veces/semana), infliximab  (administración intravenosa en las semanas 0, 2, 6, y después cada 8 semanas), adalimumab (administración subcutánea quincenal) y golimumab (administración subcutánea mensual).
      • Fármacos que actúan sobre los linfocitos B y T, las principales células implicadas en los procesos inmunitarios. Este grupo de fármacos ha demostrado su eficacia en pacientes que no han respondido bien a los inhibidores del TNF. En esta categoría se incluyen rituximab (administración en infusión intravenosa, dos infusiones separadas quince días, y luego ciclos de mantenimiento cada 6 meses) y abatacep (administración intravenosa en las semanas 0, 2 y 4 y después mensualmente).
      • Inhibidores de la interleuquina 6 (IL-6), molécula que desempeña un papel clave en la regulación de la inflamación. Un claro exponente de este grupo de fármacos es tocilizumab, de administración intravenosa mensual.
      • Además de la vía y periodicidad de la administración, los tratamientos para la AR también varían en la forma y lugar de administración (hospital, domicilio, etc.). Todos estos factores influyen en el cumplimiento terapéutico por parte del paciente.

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