Tratamiento del cáncer de ovario

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El tratamiento dependerá en cada caso del tipo de cáncer, del estadio en el que se encuentre la enfermedad y del estado general de la paciente (Performance status).

El tratamiento de elección en el estadio I y II del cáncer de ovario es la cirugía.

La mayoría de  las pacientes con estadio I en las que el tumor se encuentra limitado a los ovarios alcanza la curación de  la enfermedad con la cirugía. Sin embargo, existe un 20-30% de pacientes que recaerán después del tratamiento quirúrgico.

Hay una serie de factores pronósticos que se han asociado a un mayor riesgo de recaída, como son:

  • El grado de diferenciación: Las pacientes con tumores grado 1 tienen mayor supervivencia que las que tienen un grado 3.
  • Estadio de  la enfermedad: En los estadios IA y IB la supervivencia a 5 años después de un tratamiento sólo con cirugía es del 90% y en el estadio IC disminuye hasta el 70%.
  • Ruptura de la cápsula ovárica antes o durante el procedimiento quirúrgico.

Según los factores pronósticos podemos hablar de pacientes con alto riesgo de recaída y pacientes con bajo riesgo de recaída posquirúrgica.

En los estadios III y IV del cáncer de ovario el tratamiento de elección es cirugía citorreductora seguida de quimioterapia intravenosa.

Opciones de tratamiento

Entre las opciones de tratamiento frente al cáncer de ovario destacan:

La cirugía en el cáncer de ovario tiene un doble objetivo: diagnóstico y terapéutico, y está claramente establecida.

Es esencial para el diagnóstico, el estadiaje y el tratamiento del cáncer de ovario. Se realiza la extirpación del útero (histerectomía), de los ovarios (anexectomía), del apéndice, del epiplón y de los ganglios. Además, se toman muestras de toda la cavidad abdominal para su examen posterior.

La cirugía puede ser de dos tipos:

  • Conservadora: Cuando la mujer es joven, el estadio es muy precoz y desea tener hijos, puede valorarse el extirpar solamente el ovario que presenta el tumor.
  • Citorreductora: Se realiza en los estadios avanzados de la enfermedad. Su finalidad es extirpar la mayor cantidad posible de tumor y no dejar ninguna masa macroscópica. Esta reducción del tamaño permite una mayor eficacia de la quimioterapia posterior y se traduce en una mayor supervivencia de las pacientes.

Después de la quimioterapia se puede realizar una segunda cirugía llamada “Second-look” ( o “segunda mirada”) para valorar la respuesta del tumor al tratamiento. Aunque lo más común es hacer seguimiento de la respuesta al tratamiento con un TAC o una analítica.

También en algunos casos, cuando la primera cirugía no pudo ser completa, se recurre a una segunda cirugía citorreductora tras varios ciclos de quimioterapia con el fin de completar la primera.

El éxito de la primera intervención quirúrgica tiene un impacto claro en la supervivencia de las pacientes.

Tras la cirugía, el tratamiento tiene como objetivos: eliminar la enfermedad residual microscópica con el fin de evitar la reaparición del cáncer cuando no se consiguió la resección completa, reducir y eliminar la enfermedad residual macroscópica.

La quimioterapia consiste en el uso de fármacos o productos químicos para destruir el cáncer. Debido a su inespecificidad, no sólo ataca a las células cancerígenas, sino que también afecta a otras células y tejidos normales del organismo, sobre todo si se encuentran en división activa y de ahí derivan la gran mayoría de sus toxicidades.

La quimioterapia se administra en periodos de tiempo previamente establecidos que se denominan ciclos. Los ciclos se suelen repetir cada 3 o 4 semanas.

Además, los fármacos antineoplásicos se pueden administrar solos o en combinación y existen diferentes vías de administración: intravenosa, oral e intraperitoneal.

La quimioterapia se caracteriza por tener dos efectos:

  • efecto terapéutico-EFICACIA
  • efectos secundarios-TOXICIDAD

Los efectos secundarios varían en función del fármaco utilizado pero entre los más comunes destacan:

Náuseas y vómitos Neuropatía sensitiva
Falta de apetito Mialgias y artralgias
Alopecia Neutropenia e infección como consecuencia de ella
Mucositis Hematomas por la disminución de plaquetas
Irritaciones en pies y manos Astenia

La mayoría de estos efectos secundarios, como la alopecia, son reversibles y desaparecen cuando finaliza el tratamiento. Sin embargo, otros pueden prolongarse durante mucho tiempo e incluso no llegar a desaparecer por completo, como la neuropatía.

El fármaco quimioterápico de elección en el tratamiento del cáncer de ovario es el platino en cualquiera de sus formulaciones, habitualmente combinado con otros fármacos también activos como los taxanos, antraciclinas..El estándar actualmente es paclitaxel más carboplatino durante 6 ciclos cada 3 semanas.

Quimioterapia intraperitoneal

La quimioterapia intraperitoneal consiste en la administración de quimioterapia directamente en la cavidad abdominal a través de un catéter.

El objetivo es alcanzar una mayor concentración del fármaco antineoplásico en el interior del abdomen para conseguir una eficacia mayor.

El esquema más empleado consiste en la combinación de Paclitaxel con Cisplatino intraperitoneal cada 21 días.

Ensayos clínicos comparativos han demostrado un aumento de la supervivencia con la administración de la quimioterapia intraperitoneal frente a la administración de la quimioterapia intravenosa en pacientes con cáncer de ovario avanzado tras una citorreducción completa.

El problema de la quimioterapia intraperitoneal son sus efectos secundarios, que motivan que muchas mujeres interrumpan el tratamiento precozmente, por lo que es necesario que la paciente tenga un estado general que le permita tolerar el tratamiento.

La radioterapia consiste en la utilización de las radiaciones ionizantes (Rayos X de alta energía) con el objetivo de destruir las células cancerosas.

Se considera un tratamiento local y el procedimiento es similar al de una radiografía.

Las radiaciones emitidas se dirigen directamente al tumor y sólo resultan afectadas las células de la zona irradiada.

Existen dos formas de administrar la radioterapia: externa e interna.

  1. Radioterapia externa: Se utiliza una máquina, llamada acelerador linear, que emite radiaciones dirigidas directamente al cáncer, este tratamiento solo dura unos pocos minutos. Como consecuencia de la radioterapia, la piel cercana al área tratada puede tomar la apariencia de quemada por el sol, pero esto va desapareciendo gradualmente con el tiempo (aproximadamente de 6-12 meses). A veces también produce cansancio, náuseas y diarrea.
  2. Radioterapia interna (Braquiterapia): Consiste en la introducción de implantes de materiales radiactivos que se colocan junto al tumor. No se suele utilizar para tratar el cáncer de ovario . La utilización de un tipo u otro de radioterapia variará en función de las características del tumor y de las características de la paciente.

A pesar de que se ha comprobado en múltiples estudios clínicos los beneficios de la radioterapia en el tratamiento del cáncer de ovario, sobre todo en el metastásico, su uso suele ser muy limitado debido a las  toxicidades que se producen al  irradiar todo el abdomen.

Es el tratamiento del cáncer con hormonas y actúa modificando la producción de estrógenos o impidiendo la acción de los mismos sobre sus órganos diana.
Se utiliza frecuentemente para tratar los tumores estromales de ovario.

La investigación en Oncología es constante y fundamental y, como resultado de la misma, se han alcanzado grandes avances en el tratamiento del cáncer en los últimos años.

Entre estos avances cabe destacar la aparición de los tratamientos biológicos, que constituyen un grupo de medicamentos con un mecanismo de acción común que actúan bloqueando de forma específica aspectos concretos de la biología celular o tumoral. Se caracterizan por atacar a las células cancerosas causando el menor daño posible a las células normales y, por lo tanto, produciendo menos efectos secundarios que la quimioterapia.

En el cáncer de ovario se ha demostrado la eficacia de estos nuevos tratamientos, en particular de las terapias biológicas y entre éstas, los inhibidores de la angiogénesis.

Angiogénesis

Los tejidos del organismo necesitan alimentarse para sobrevivir y los nutrientes les llegan principalmente a través de la sangre que circula por los vasos sanguíneos.

Los tumores, al igual que los demás tejidos del organismo, necesitan alimentarse para poder crecer. Al principio, el tumor es pequeño y recibe los nutrientes de los vasos sanguíneos que existen a su alrededor; sin embargo, como los tumores crecen descontroladamente, llega un momento en que los nutrientes que reciben a través de estos vasos son insuficientes y para continuar creciendo se ven obligados a inducir la formación de nuevos vasos sanguíneos. Este proceso de formación de nuevos vasos sanguíneos se denomina angiogénesis.

El factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF) es el mediador clave de este proceso.

Más información¿Qué es el VEGF?

Fármacos Antiangiogénicos

Teniendo en cuenta las características del VEGF descritas más arriba, queda claro que la inhibición del VEGF representa un nuevo enfoque para la terapia antineoplásica con la posibilidad de:

  • Producir la regresión de los vasos sanguíneos inmaduros característicos de los tumores.
  • Reducir la permeabilidad vascular y disminuir así la presión intratumoral.
  • Disminuir la probabilidad de metástasis tumorales

Estas actividades también complementarían a las modalidades terapéuticas actuales, en particular a la quimioterapia y a los agentes biológicos dirigidos al tumor. Estas observaciones indican que la inhibición del VEGF podría ser un enfoque terapéutico racional para una amplia diversidad de tipos tumorales.

Uno de los enfoques más prometedores para la inhibición del VEGF es la producción de anticuerpos monoclonales humanizados anti-VEGF. Uno de estos, el bevacizumab, inhibidor de la angiogénesis, ha proporcionado recientemente los primeros indicios claros del beneficio clínico de la terapia anti-VEGF.

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