Tratamiento del Cáncer de Hígado

La selección del tratamiento en cáncer de hígado puede depender de diferentes factores, como por ejemplo el momento del diagnóstico de la enfermedad, del estado del hígado y de las condiciones del paciente. Existen diferentes alternativas de tratamiento 1-5:

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Cirugía

Su objetivo es extirpar el tumor con márgenes libres, es decir, sin dejar enfermedad residual. Se considera indicada, con intención curativa, en estadios iniciales de la enfermedad, en pacientes con buena función hepática y en ausencia de factores pronósticos de recaída. Gracias a la capacidad de regeneración del hígado se puede llevar a cabo una resección parcial, en la cual se extrae únicamente la parte del hígado afectada. Puede extraerse hasta tres cuartas partes del hígado. Tras el procedimiento, el tejido hepático vuelve a crecer en unas pocas semanas.

Trasplante de hígado completo

En caso de que el pronóstico sea negativo y los profesionales sanitarios prevean una mala evolución de la enfermedad, puede ser necesario un trasplante. El cáncer de hígado es de los pocos tumores en los que existe esta posibilidad gracias a su capacidad de regeneración. 

Durante el trasplante, se extrae todo el hígado y se reemplaza por el de un donante sano. Suele extraerse parte del hígado de personas cercanas al receptor. Tanto en el donante como en el receptor, el hígado generalmente se regenerará hasta alcanzar un tamaño normal sin afectar a su funcionamiento. Su principal inconveniente es la dificultad técnica de la intervención, la inmunosupresión a largo plazo, y la escasez de órganos para trasplante. De hecho, este procedimiento es posible solo cuando se cumplen criterios específicos y el médico es el encargado de valorar si el paciente puede someterse al trasplante. Con los nuevos tratamientos y los que están por llegar, se empieza a plantear la duda de si merece la pena trasplantar con los riesgos que conlleva.

Tratamientos ablativos locales

La ablación consiste en la extracción o destrucción del tumor. Existen varios métodos de tratamiento local ablativo que pueden retrasar el crecimiento de las células tumorales, entre ellas, ablación por radioterapia, por embolización (oclusión de vasos sanguíneos), por calor o química. Las diferentes técnicas de este tratamiento local se pueden combinar entre sí y/o con otras terapias.

Radioterapia

Son relativamente comunes estrategias terapéuticas en las que se combinan la radiación con otras terapias. Sin embargo, la ubicación central del hígado exige una administración excepcionalmente precisa de la radiación a fin de evitar el daño de tejidos sanos del hígado o de los órganos cercanos. Existen técnicas innovadoras que permiten la administración segura de altas dosis de radiación a los tumores de hígado, y los ensayos clínicos de estas técnicas actualmente están incluyendo a pacientes con cáncer de hígado primario6.

Quimioembolización transarterial (TACE)

Es la terapia más frecuente en el cáncer de hígado. Se trata de un tratamiento local (directamente a la zona tumoral) que combina la quimioterapia con la embolización. Esta última se trata de un procedimiento que permite impedir la llegada de la sangre al tumor. Es un procedimiento no quirúrgico y mínimamente invasivo realizado por radiología.

Debido al creciente número de alternativas terapéuticas es recomendable abandonar las estrategias de tratamiento local tan pronto como dejen de dar resultado. Un uso repetido e inconveniente podría provocar un deterioro de la función hepática y perder la posibilidad de acceder a otros tratamientos como los sistémicos.

Tratamientos sistémicos

Desde hace más de una década se usan los inhibidores de la tirosina cinasa (TKI), terapias dirigidas que bloquean la acción de ciertas proteínas e impiden la multiplicación y supervivencia de las células tumorales. Al ser un tratamiento sistémico puede afectar también a células sanas de nuestro cuerpo, provocando eventos adversos7. Por ello, se han investigado y desarrollado nuevas alternativas terapéuticas como la inmunoterapia.

La inmunoterapia actúa activando nuestro sistema inmune para ayudarlo a, por un lado, reconocer las células tumorales, y por otro, destruirlas. El cáncer suele activar/inhibir determinados procesos del organismo de forma que las células del sistema inmune se desactivan y no lo ataquen. La inmunoterapia desactiva esa inhibición y permite que las células del sistema inmune ataquen las células tumorales. Se trata de una terapia menos agresiva que la cirugía o la quimioterapia gracias a que su efecto ocurre específicamente sobre el tumor, reduciendo la toxicidad en el resto del organismo.8

Como en otras enfermedades, el abordaje y tratamiento del cáncer de hígado es responsabilidad de un equipo multidisciplinar (oncólogos, hepatólogos, cirujanos, radiólogos, psicólogos, personal de enfermería…). La elección de la mejor alternativa terapéutica para cada paciente debe consensuarse con tu médico para que sea lo más óptimo y adaptado a tus necesidades.

Consulta con tu médico cualquier duda con respecto a los tratamientos disponibles y la forma más adecuada de tratar tu enfermedad.

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