Tratamiento del Cáncer de Hígado

La elección de la terapia depende principalmente de cuánto ha progresado el cáncer de hígado en el momento del diagnóstico. El estado del hígado y la salud general del paciente también juegan un papel importante. El médico usa las técnicas de diagnóstico para determinar en qué estadio se encuentra la enfermedad. Estos estadios se pueden clasificar en cuatro: estadio temprano, medio, avanzado y final. Las preguntas decisivas para la clasificación son:

  • ¿Cómo de grande es el tumor?
  • ¿Ha crecido el tumor en los vasos sanguíneos del hígado?
  • ¿Se ha extendido el tumor a otros órganos?
  • ¿En qué estado se encuentra el hígado?
  • ¿Cuál es el estado general del paciente?

Según el estadío de la enfermedad, el médico elegirá el mejor abordaje terapéutico.

Cirugía: resección parcial o trasplante de hígado

Hay dos formas de tratar el cáncer de hígado con cirugía. En la llamada resección parcial, el cirujano solo extrae la parte del hígado afectada por el tumor. Se pueden extraer hasta tres cuartas partes del hígado. Después del procedimiento, el tejido hepático vuelve a crecer en unas pocas semanas. El requisito previo para la resección parcial es que el tumor esté restringido a un área del hígado y que la función hepática se conserve adecuadamente.

El hígado es el único órgano que puede volver a regenerarse si se extrae una parte

Durante un trasplante, se extrae todo el hígado y se reemplaza por el de un donante sano.  También existe la posibilidad de una donación de hígado por un donante vivo. Se puede extraer parte de su hígado, generalmente de personas cercanas al receptor. Esto puede llevarse a cabo gracias a que este órgano se regenera y vuelve a su tamaño original después de la operación. Tanto en el donante como en el receptor, el hígado generalmente se regenera hasta alcanzar un tamaño normal sin que esto afecte a su funcionamiento.

El volumen de personas que espera un trasplante de hígado supera a la cantidad disponible de hígados de donantes

Hay requisitos estrictos para realizar un trasplante de hígado, y la cantidad de personas que lo esperan es mucho mayor que la disponibilidad de hígados de donantes fallecidos, por lo que la espera se puede demorar mucho tiempo. Después del trasplante, los receptores deben tomar medicamentos inmunosupresores de por vida, que eviten el rechazo.

Tratamiento local del tumor hepático

Si no existe la posibilidad de extirpar el tumor mediante cirugía o trasplante, existen varios métodos de tratamiento local que pueden retrasar el crecimiento de las células cancerosas. También se denominan terapias ablativas locales (lat. «Ablatio =» ablación «). Los fármacos llegan al tumor directamente a través de la pared abdominal con una aguja o sonda delgada o a través de un vaso sanguíneo mediante un catéter.

  • Ablación térmica por radiofrecuencia (RFTA): Con la termoablación por radiofrecuencia, el médico inserta una sonda en el tumor que calienta el tejido tumoral mediante ondas de radio y, por lo tanto, puede destruirlo.
  • Inyección percutánea de etanol (PEI): El médico perfora el tumor con una aguja fina a través de la pared abdominal. Con la aguja, inyecta alcohol de alta graduación (etanol) u otras sustancias (por ejemplo, ácido acético) en el tumor, que destruye las células cancerosas.
  • Quimioembolización transarterial (TACE): Este procedimiento lo lleva a cabo un radiólogo. Combina dos modos de acción: quimioterapia y oclusión de vasos sanguíneos (embolización). El radiólogo introduce un catéter en la arteria hepática a través de una arteria en la ingle. A través del catéter, puede inyectar quimioterapia directamente en el tumor. Además, se colocan pequeñas partículas de plástico en los vasos sanguíneos a través del catéter, hasta que se bloquean. Como resultado, las células cancerosas ya no reciben nutrientes y oxígeno y mueren.
  • Radioterapia Intervencionista Selectiva (SIRT): Al igual que con TACE, el radiólogo inserta un catéter a través de la arteria inguinal en la arteria hepática hasta el tumor. Introduce pequeñas partículas radiactivas directamente en el tejido tumoral a través del catéter. Esto expone a las células cancerosas a una alta dosis de radiación. Se trata de radioterapia «desde dentro».

Estos tratamientos tumorales locales generalmente se pueden realizar bajo anestesia local y solo duran unas pocas horas. Según la situación, el cirujano aplica el tratamiento local incluso con el abdomen abierto, por ejemplo, si también se realiza una resección parcial del hígado.

Las técnicas de tratamiento local se pueden combinar entre sí y con otras terapias.

Terapia con medicación (Terapia Sistémica)

En el cáncer de hígado, la quimioterapia generalmente solo se administra a través de TACE, porque ha demostrado ser de poca efectividad cuando se administra como infusión. A diferencia de las terapias locales, las terapias farmacológicas pueden tener un efecto sistémico, es decir, en todo el cuerpo. Los llamados inhibidores multiquinasa están disponibles para el tratamiento farmacológico del cáncer de hígado. Estos fármacos se encuentran entre las terapias dirigidas, lo que significa que inhiben específicamente ciertos pasos de la división de las células cancerosas, gracias a los cuales se multiplican y forman el tumor. Los inhibidores de quinasas bloquean específicamente las quinasas, proteínas que controlan el crecimiento celular y a menudo están permanentemente activas en las células cancerosas. Su bloqueo puede inhibir el crecimiento tumoral.

Inmunoterapia

Existen otras alternativas terapéuticas, como la inmunoterapia; tratamientos ya disponibles para diferentes tipos de cáncer, entre ellos el de vejiga y el de pulmón, que suponen otras formas de afrontar la enfermedad y una mayor esperanza para los pacientes. La inmunoterapia ayuda a nuestro sistema inmune a activarse y, por un lado, reconocer a las células tumorales, y por otro, destruirlas, siendo un tratamiento menos agresivo que la cirugía o la quimioterapia.

Hacer frente a los efectos secundarios

Las diferentes opciones de terapias para el cáncer de hígado difieren no solo en su eficacia, sino también en sus posibles efectos secundarios. Por ejemplo, la fiebre, el dolor abdominal o las náuseas pueden ser efectos  secundarios  de los tratamientos tumorales locales. Las terapias dirigidas pueden provocar diarrea, así como alteraciones en la piel y enrojecimiento en las palmas de las manos y las plantas de los pies (síndrome mano-pie).

La aparición de estos efectos secundarios y en qué medida lo hacen depende de muchos factores y del propio paciente. Existen medicamentos efectivos que pueden prevenirlos o aliviarlos, que el especialista se encargará de administrar dependiendo del caso.

  1. Artículo revisado por
    Juan Rodriguez Oncólogo
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